Una mujer de suerte
✍ Scribed by Nora Roberts
- Year
- 2013
- Series
- Saga Los MacGregor 7
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
Cuando Darcy Wallace se gastó sus últimos tres dólares en el casino y ganó un bote de casi dos millones de dólares, el director del casino, Robert MacGregor Blade, decidió vigilarla. Pero había algo en aquella mujer que se metió bajo la piel de Mac haciendo estragos en sus buenas intenciones. Si quería conseguir a aquella mujer, tendría que arriesgarse en uno de los juegos más importantes de su vida…
Versión : 1.0
Autores : Nora Roberts
EPG Id : 10007150
Estado : Disp.
Páginas : 158
📜 SIMILAR VOLUMES
Cuando Darcy Wallace se gastó sus últimos tres dólares en el casino y ganó un bote de casi dos millones de dólares, el director del casino, Robert MacGregor Blade, decidió vigilarla. Pero había algo en aquella mujer que se metió bajo la piel de Mac haciendo estragos en sus buenas intenciones. Si que
Los periodistas habían invadido la oficina del investigador privado David Murray. Las tres hermosas y bellas secretarias de Murray trataban de imponer orden en aquella jaula de locos. La pelirroja Susan, la morena Elizabeth y Doris, la rubia platino, rivalizaban en contentar a las fuerzas de choque.
—¿Cuánto dinero nos queda, Roy? —preguntó Lou Anders, de treinta y cinco años, alto, fornido, con aspecto de luchador de catch, ocupadas las manos con sendas maletas. —Un dólar cincuenta centavos —contestó Roy Wade, joven de veintisiete años, uno setenta de talla, delgado, cara atezada en cuyos ojos
El saloon Rosie, de Denver, estaba en el apogeo de su animación cuando las puertas batientes fueron empujadas y El Taciturno entró en el local. Cualquiera que hubiese oído hablar de aquel hombre habría pensado, a causa de su apodo, que era uno de esos pistoleros con eterna cara de mala sombra y que
Otro relámpago incendió de verde el interior del almacén. Leib Rodner tuvo el tiempo preciso para ver al culi tras unos fardos de hierba lalan.Desenfundó rápidamente la pistola, cuando alguien se le acercó:—¡Comandante! ¡Creo que nos siguen!Era el sargento Loew. Y Leib ahogó una maldición. La aparic