—¿Cuánto falta para que empiece el año 1870, Freddie? —preguntó Bill Gum, casi gritando para hacerse oír por encima del terrible alboroto que reinaba en el comedor del Maxim’s de Kansas City.Freddie Kerr, joven desenvuelto y alegre, contestó:—¿Por qué preocuparse tanto? Ya nos avisarán. Eso también
Un caradura en el Oeste (2ª Ed.)
✍ Scribed by Keith Luger
- Publisher
- Bolsilibros Bruguera
- Year
- 1970
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 143 KB
- Series
- Héroes de la pradera 22
- Edition
- (2a Ed.)
- Category
- Fiction
- ISBN-13
- 9785414699682
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✦ Synopsis
—¿Cuánto falta para que empiece el año 1870, Freddie? —preguntó Bill Gum, casi gritando para hacerse oír por encima del terrible alboroto que reinaba en el comedor del Maxim’s de Kansas City. Freddie Kerr, joven desenvuelto y alegre, contestó: —¿Por qué preocuparse tanto? Ya nos avisarán. Eso también está incluido en la nota. ¡Vamos, muchachos, bebed más champaña! ¡Tenemos que divertirnos en grande! —Se está acabando, Fred —dijo la rubia que acompañaba a Bill. —¡Eso se arregla en seguida! ¡Eh, mozo, una botella!
Versión : 1.0
Autores : Keith Luger
EPG Id : 40029043
Estado : LDS
Páginas : 84
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—¿Cuánto falta para que empiece el año 1870, Freddie? —preguntó Bill Gum, casi gritando para hacerse oír por encima del terrible alboroto que reinaba en el comedor del Maxim’s de Kansas City. Freddie Kerr, joven desenvuelto y alegre, contestó: —¿Por qué preocuparse tanto? Ya nos avisarán. Eso tambié
Los tres jinetes se movían acompasadamente sobre las sillas y en sus rostros se reflejaba el buen humor. El jinete del centro llevaba un extremo de la cuerda atada a la pera de la silla y de cuando en cuando daba un tirón y decía volviéndose hacia atrás: —Vamos, Kiff. Mueve esas piernas o tendré que
—Todos los hombres son iguales —dijo la hermosa mujer lentamente—. Ya lo enseña bien claramente el refrán: «El mejor, muerto». Confías en ellos, les dedicas tu vida, les entregas lo mejor que tú tienes y luego te abandonan, te dejan sola para siempre. Debes aprender la lección, hija mía. No confíes
El hombre estaba en pie en medio de la pista, y se encontraba por tanto a un nivel mucho más bajo que el de los espectadores que le rodeaban, los cuales ocupaban asientos de madera dispuestos como en un circo. Pero sin embargo, pese a hallarse más bajo, parecía dominarles a todos con su estatura y c
Salió del quirófano, secándose el sudor que perlaba su frente, con un brillo mate en los ojos y un cansancio que le producía hormigueos en los lóbulos de las orejas que, por otra parte, le ardían como trozos de carbón al rojo vivo. Desde el antequirófano, antes de dirigirse a los vestuarios para qui