Así empiezan realmente casi todas las historias de amor. Y así suelen permanecer, con suerte, durante mucho tiempo. De hecho, la mayoría de relaciones se acaban precisamente cuando chico conoce a chica, o viceversa. Esta es la historia de Toscano y Paula, dos almas gemelas que no se conocen de nada,
Que la muerte te acompañe
✍ Scribed by Risto Mejide
- Publisher
- ePubLibre
- Year
- 2011
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 88 KB
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
Esta es la historia de Toscano y Paula, dos almas gemelas que no se conocen de mucho, pero que se intuyen demasiado. Toscano muere y descubre que, para entrar en el cielo, poco importa lo que hizo en vida, sino más bien cómo lo vende. Paula, una víctima más del despecho y el desengaño, empieza a creer que el hombre de sus sueños se encuentra detrás de muchas primeras citas, siempre y cuando les regale un final feliz. Entre ellos, la única barrera que —dicen— es insalvable (morirse), el único fin que justifica todos los medios (quererse) y un individuo llamado Max.
📜 SIMILAR VOLUMES
Traducido por primera vez al español, Que el bien os acompañe es junto a Todo fluye el último libro que escribió Vasili Grossman. Si Todo fluye es su testamento político, Que el bien os acompañe es su testamento personal. A finales de 1961, cuando ya daba Vida y destino por desaparecida en manos de
Tove Monrad, famosa cantante de ópera y exmujer del aclamado director de orquesta Mattias Lemming, es asesinada en el mítico teatro de la idílica ciudad sueca de Drottningholm. Puck Ekstedt, doctora en Literatura, hija de un prestigioso profesor y casada con Einar Bure, vive en la misma ciudad rodea
Tove Monrad, famosa cantante de ópera y ex mujer del aclamado director de orquesta Mattias Lemming, es asesinada en el mítico teatro de la idílica ciudad sueca de Drotningholm. Puck Ekstedt, doctora en Literatura, hija de un prestigioso profesor y casada con Einar Bure, vive en la misma ciudad rodea
Me llamo Olivia. Mis padres nunca me han querido y jamás se han molestado en disimularlo, y yo, con los años, he terminado aceptándolo. Siempre he vivido según sus imposiciones y éstas me llevaron a él, a Roberto, mi profesor de matemáticas y mi amor. Una mirada fue suficiente para que calara en
«Se dispuso a entrar al coche, y, justo entonces, volvió a suceder. Aquel silbido, o lo que fuese. Lo que fuese. Pero parecía un silbido, que iba aumentando de tono; algo que podía estar rasgando el aire, quizá. Un silbido que empezaba muy tenuemente, y que iba aumentando de volumen, creciendo, para