El cajero se puso rígido. Sus labios temblaron violentamente, en tanto que sus ojos se dilataban de una forma espantosa.—No, no puede ser. Tú estás muerto. ¡Hijo! —gritó inesperadamente—. Dick, hijo mío. Tú estás muerto. Te enterramos hace más de cuatro semanas, Dick, ¿por qué has vuelto? Deja esa a
Los muertos que no morían
✍ Scribed by Carrados, Clark
- Publisher
- Bolsilibros Bruguera
- Year
- 1982
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 122 KB
- Series
- Selección Terror extra 6
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
El cajero se puso rígido. Sus labios temblaron violentamente, en tanto que sus ojos se dilataban de una forma espantosa. —No, no puede ser. Tú estás muerto. ¡Hijo! —gritó inesperadamente—. Dick, hijo mío. Tú estás muerto. Te enterramos hace más de cuatro semanas, Dick, ¿por qué has vuelto? Deja esa arma, tú estás muerto. —¡Calla, viejo! —gritó el atracador. —Hijo, siempre fuiste honrado. La pistola-ametralladora escupió bruscamente una corta ráfaga. El cajero gritó, a la vez que caía hacia atrás. —Estabas muerto. Te enterramos hace cuatro semanas. ¿Por qué tenías que volver, Dick? Siguió llamando a su hijo, hasta que murió.
📜 SIMILAR VOLUMES
Vio en un instante tantas cosas que nunca hubiera podido olvidarlas de haber vivido. Vio la demoníaca expresión de aquellos ojos salvajes. Vio el brillo de unos colmillos como no podían existir otros en ningún otro ser viviente. Vio... Las zarpas le atraparon entonces. Pudo emitir un espantoso alari
Vio en un instante tantas cosas que nunca hubiera podido olvidarlas de haber vivido.Vio la demoníaca expresión de aquellos ojos salvajes. Vio el brillo de unos colmillos como no podían existir otros en ningún otro ser viviente. Vio…Las zarpas le atraparon entonces. Pudo emitir un espantoso alarido a
La gente no lo notaba, pero el aeropuerto Kennedy era distinto aquella neblinosa mañana de noviembre. Los ajetreados hombres de negocios que iban a Chicago o a Detroit, los políticos que viajaban hasta Washington, los jubilados que se largaban a Puerto Rico o a México y las prostitutas de lujo que i
Douglas Pooland y Charles Sontreux se hicieron amigos en Oxford. De la misma edad e idénticos gustos, todo fue siempre sincera camaradería y leal amistad entre ellos. Pero los estudios dieron fin y tuvieron que decirse adiós. Douglas Pooland había nacido en el norte de Inglaterra y Charles Sontreux
Samanta, una joven de dieciséis años, desaparece en extrañas circunstancias. Su madre, Isola, se sumerge en un proceso de búsqueda repleto de enigmas, durante el cual conoce al detective Max, quien influirá en ella de un modo decisivo. Los acontecimientos sufren un giro inesperado cuando un hombre c