La cabaña tenía un aspecto tosco, miserable. Estaba construida parte con troncos, parte con cañas y parte con barro. Parecía que cualquier lluvia la hubiese de aplastar, que cualquier vendaval hubiese de llevársela por los aires. No tenía puerta, sólo una cortina tejida a mano por cualquier india, c
Lazos de muerte (2ª Ed.)
✍ Scribed by Silver Kane
- Publisher
- Bolsilibros Bruguera
- Year
- 1972
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 133 KB
- Series
- Héroes de la pradera 115
- Edition
- (2a Ed.)
- Category
- Fiction
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✦ Synopsis
El verdugo puso la mano sobre la palanca que él mismo debía haber comprobado ya varias veces. Todos entrecerraron los ojos. Y el silencio hubiera seguido siendo aplastante de no ser porque Turkus se atrevió a susurrar: —Ese lazo no está tenso. El condenado va a durar más de un minuto. ¿Quién decía que ese tío era un maestro? El verdugo movió la palanca.
Versión : 1.0
Autores : Silver Kane
EPG Id : 40028454
Estado : LDS
Páginas : 79
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Tenía las manos rígidas, agarrotadas, colgando por los lados del lecho, como si hubiera querido asirse a las dos pequeñas alfombras. Shelby entró en la habitación lentamente, en un estupor silencioso y aturdido, hasta inclinarse y rozar con sus dedos las manos del infeliz. Estaban aún calientes, sin
La caravana había formado en círculo. Las blancas lonas de los carros destacaban con nítida claridad a las primeras luces del amanecer. Los caballos, colocados en el centro del círculo para que estuvieran más protegidos, piafaban nerviosamente. Fuera de aquel sonido, el silencio era total. Diríase q
Solté una risita. Pero no tenía ningún motivo para reír. El caballo «Sugar» ni tan siquiera se había colocado en la tercera de Jamaica: Lo decía aquel diario que tenía sobre la mesa. Me acababa de dejar en la ruina. Bien; tendría que darle las gracias a alguien. Alcancé el auricular y marqué un núme
Jane Gaywood, la doncella de los Cashmore, entró sonriente en el dormitorio de éstos, cubierta solamente con un precioso camisón de purísima blancura. En la cama, la señora Cashmore la miró afectuosamente, y sonrió. —Te sienta muy bien, Jane querida. Jane sonrió más ampliamente, contemplándose en el
Faltaba más de un cuarto de hora para la salida del tren, cuando Nino, que había dejado bien acondicionados los caballos en el vagón furgón, regresó al departamento elegido por Jim y subió a él, pero después de echar un vistazo al interior no se sintió contento. Los viajeros que en él se habían acom