Yangin-Atep, el insaciable dios de la guerra, gobierna protegiendo o destruyendo alternativamente a los habitantes de la ciudad. En Tep, nada puede arder en el interior de las casas y no se puede crear fuego accidentalmente (excepto cuando las Llamas llegan a la ciudad). Entonces, la gente poseída p
La ciudad de las llamas
✍ Scribed by Niven, Larry;Pournelle, Jerry
- Year
- 1999
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 481 KB
- Category
- Fiction
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✦ Synopsis
Yangin-Atep, el insaciable dios de la guerra, gobierna protegiendo o destruyendo alternativamente a los habitantes de la ciudad. En Tep, nada puede arder en el interior de las casas y no se puede crear fuego accidentalmente (excepto cuando las Llamas llegan a la ciudad). Entonces, la gente poseída por Yangin-Atep hace arder su propia ciudad creando una orgía desenfrenada de destrucción que normalmente llega sin previo aviso. Whandall Placehold ha vivido con las Llamas toda su vida. Luchando a su manera contra la edad adulta en las calles de las zonas más desiertas de la ciudad, Whandall sueña con escapar de la furia del dios para encontrar una vida nueva y mejor. Pero su esperanza de libertad puede llevarle a Morth de Atlántida, el enigmático brujo que mató a su padre...
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«Hacía calor y frío al mismo tiempo, un calor y un frío insoportables. Skar había creído saber lo que les aguardaba, pero había olvidado lo espantosa que era la tempestad de fuego de Combat, lo cortante que resultaba el viento que, aspirado por la fuerza de la ciudad en llamas, les azota
«Hacía calor y frío al mismo tiempo, un calor y un frío insoportables. Skar había creído saber lo que les aguardaba, pero había olvidado lo espantosa que era la tempestad de fuego de Combat, lo cortante que resultaba el viento que, aspirado por la fuerza de la ciudad en llamas, les azotaba la cara,
«Hacía calor y frío al mismo tiempo, un calor y un frío insoportables. Skar había creído saber lo que les aguardaba, pero había olvidado lo espantosa que era la tempestad de fuego de Combat, lo cortante que resultaba el viento que, aspirado por la fuerza de la ciudad en llamas, les azota