Apenas nadie lloró la muerte de lord Henry Fitzalan, brutalmente asesinado durante una bulliciosa fiesta. Célebre por sus libertinas costumbres, sus escapadas a medianoche en compañía de brujas y su ilimitado egoísmo, tenía muy, muy pocos amigos. Así la investigación que debe llevar a cabo Hugo Corb
El mago diabólico
✍ Scribed by R. L. Stine
- Publisher
- ePubLibre
- Year
- 1996
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 145 KB
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
Cartas trucadas, pañuelos que vuelan, palomas que desaparecen. A Tim Swanson le encantan los trucos de magia y sueña con convertirse enun gran mago, igual que su ídolo de siempre, Amaz-O. Pero un día Tim va a ver la función de Amaz-O y descubre que su ídolo es un gruñón terrible. Entonces es cuando decide robar la maleta de los trucos secretos de Amaz-O. Son trucos peligrosos: el de las bolas rojas que se multiplican, el de las serpientes…
📜 SIMILAR VOLUMES
Kate es la última descendiente de una dinastía de famosos miniaturistas, aunque no ha podido ver reconocido su talento por su condición de mujer. En Francia, adonde se traslada para probar fortuna, traba relación con Rollo, barón de Centeville, un hombre adinerado, fascinante... y maligno. De él suf
Atrapada entre el amor y la repulsión, Kate se verá convertida en vórtice de un huracán de intrigas y sufrimientos. Kate es la última descendiente de una dinastía de famosos miniaturistas, aunque no ha podido ver reconocido su talento por su condición de mujer. En Francia, adonde se traslada para p
Al amanecer, cuando Cadogán volvió, acompañado de la Policía, al bazar donde encontrara durante la noche el cadáver, comprobó, baio la irónica mirada de los agentes, que el bazar ¡había desaparecido! ¿Había sido todo producto de su delirio, y la herida sufrida en la cabeza el resultado de una caída
Phoebe Hillton pensaba que todos sus problemas se habían resuelto al prometerse a sir Edward Bentham, heredero de un señorío muy próspero en New Forest: Merton House. Lo que jamás habría imaginado era que un pretendiente desairado regresaría para ajustar cuentas con ella justo esa noche y que luego
Tres personas a veces pueden ser una multitud, sobre todo cuando uno tiene una novia como Samantha Gilles. Por eso me excusé ante mi amigo el doctor Harwey declinando su invitación: —Tengo algo que hacer. Nos veremos cualquier día de éstos. —Siéntate con nosotros y toma unas copas —insistió Harwey.