Primer Premio Nacional de Literatura. Carlo Coccioli, la juzga así: «Si he contemplado con afecto al horrible personaje que, habiendo sido siempre el postrero, quiere, para restablecer el equilibrio, convertirse en el primero a través de la ruina y de la muerte, no ha sido precisamente porque nunca
El gran cobarde
✍ Scribed by Abelardo Arias
- Book ID
- 100987227
- Year
- 1956
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 115 KB
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
Una de las novelas señeras del autor de Álamos talados,Límite de clase, Minotauroamor, De tales cuales y Polvo y espanto.Primer Premio Nacional de Literatura.Carlos Coccioli, la juzga así:«Si he contemplado con afecto al horrible personaje que, habiendo sido siempre el postrero, quiere, para restablecer el equilibrio, convertirse en el primero a través de la ruina y de la muerte, no ha sido precisamente porque nunca lo haya visto abandonado por esa especie de lucidez de la sangre que lo obliga a permanecer dentro de lo humano, sino porque, de lo humano, él conoce, sobre todo, los menudos senderos que nos conducen hacia la ternura. Su espantosa soledad es un acto de aspiración hacia la solidaridad entre los vivos. Sus amores vergonzosos, y la conciencia de lo que de vergonzoso hay en ellos, son un homenaje al amor recto y puro, al amor secretamente deseado. No se describe al hombre sino esbozando su contorno».
Versión : 1.0
Autores : Abelardo Arias
EPG Id : 10034376
Estado : Disp.
Páginas : 145
📜 SIMILAR VOLUMES
Primer Premio Nacional de Literatura. Carlo Coccioli, la juzga así: «Si he contemplado con afecto al horrible personaje que, habiendo sido siempre el postrero, quiere, para restablecer el equilibrio, convertirse en el primero a través de la ruina y de la muerte, no ha sido precisamente porque nunca
Durante toda la noche había estado oyendo el constante martillear de los que levantaban el patíbulo. Por la mañana, cuando una claridad color plomo penetró a través de la única ventana de la celda, se hizo el silencio. A Jerry y a Richard les habían dejado tranquilos para dormir cuando ya no les que
Durante toda la noche había estado oyendo el constante martillear de los que levantaban el patíbulo. Por la mañana, cuando una claridad color plomo penetró a través de la única ventana de la celda, se hizo el silencio. A Jerry y a Richard les habían dejado tranquilos para dormir cuando ya no les que
Durante toda la noche había estado oyendo el constante martillear de los que levantaban el patíbulo. Por la mañana, cuando una claridad color plomo penetró a través de la única ventana de la celda, se hizo el silencio. A Jerry y a Richard les habían dejado tranquilos para dormir cuando ya no les que