El autor, llamado Kara Ben Nemsi (Carlos, hijo de los alemanes), ha recorrido desde los desiertos sudargelinos hasta el corazón del Kurdistán, entre constantes y peligrosas aventuras. Le acompañan en su expedición su criado Halef Omar, el inglés sir David Lindsay, el jeque de los árabes Haddedín, de
El espíritu de la caverna
✍ Scribed by May, Karl
- Book ID
- 101114817
- Year
- 1895
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 108 KB
- Series
- Por tierras del Profeta I 8
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
El autor, llamado Kara Ben Nemsi (Carlos, hijo de los alemanes), ha recorrido desde los desiertos sudargelinos hasta el corazón del Kurdistán, entre constantes y peligrosas aventuras. Le acompañan en su expedición su criado Halef Omar, el inglés sir David Lindsay, el jeque de los árabes Haddedín, de nombre Mohamed Emín, y el hijo de éste, Amad el Ghandur, a quien los expedicionarios han libertado de su prisión en Amadiyah. Todos se dirigen hacia el Sur, con objeto de que Mohamed Emín y su hijo se reúnan con los árabes de su tribu.
📜 SIMILAR VOLUMES
El autor, llamado Kara Ben Nemsi (Carlos, hijo de los alemanes), ha recorrido desde los desiertos sudargelinos hasta el corazón del Kurdistán, entre constantes y peligrosas aventuras. Le acompañan en su expedición su criado Halef Omar, el inglés sir David Lindsay, el jeque de los árabes Haddedín, de
El autor, llamado Kara Ben Nemsi(Carlos, hijo de los alemanes), ha recorrido desde los desiertos sudargelinoshasta el corazón del Kurdistán, entre constantes y peligrosas aventuras. Leacompañan en su expedición su criado Halef Ornar, el inglés sir David Lindsay,el jeque de los árabes Haddedín, de
Segundo libro de la trilogía compuesta por: «La heroína de Fort Henry» (1903), «El espíritu de la frontera» (1906) y «La última senda» (1909). Para escribir esta dramática narración, Zane Grey se inspiró en el legado de sus antepasados, los Zane que colonizaron antaño un vasto territorio de los Esta
«Yo no escribo para censurar lo que se halle establecido en un pa?s cualquiera. Cada naci?n encontrar? aqu? las razones de sus m?ximas; y se sacar? naturalmente la consecuencia de que, proponer cambios, corresponde solamente a los privilegiados que pueden penetrar con un rasgo de genio en la constit