Es necesario destruir los cimientos de la vieja California, pues sólo así podremos edificar una California a nuestro gusto Con estas palabras del general norteamericano Clarke, conquistador de Los Ángeles en 1846, se inicia la primera novela de El Coyote y una de las más extraordinarias sagas de la
El cuervo en la pradera [4174]
✍ Scribed by José Mallorquí
- Publisher
- Forum
- Year
- 1983
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 60 KB
- Series
- Coyote 63
- Category
- Fiction
- ISBN-13
- 9788485604388
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✦ Synopsis
Es necesario destruir los cimientos de la vieja California, pues sólo así podremos edificar una California a nuestro gusto Con estas palabras del general norteamericano Clarke, conquistador de Los Ángeles en 1846, se inicia la primera novela de El Coyote y una de las más extraordinarias sagas de la literatura popular de todos los tiempos. Su autor es José Mallorquí Figuerola. Y autor y obra se convirtieron en auténticos clásicos contemporáneos de la cultura española, hasta cubrir más de dos décadas de la pequeña historia de los mass-media con las andanzas y aventuras de… El Coyote. En todas las literaturas de todos los tiempos existe una larga tradición de personajes que se autoerigen en vengadores de alguna injusticia y, bien sea con su personalidad auténtica o bajo una máscara o una falsa personalidad, ejecutan la Ley allí donde el brazo de ésta no alcanza.
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**El Cuervo _en la pradera_ :** Por azar o por fortuna, cayó en medio de los miembros de la última de las hermandades o sociedades secretas de los Estados Unidos. Aún no sabía, con certeza, cómo fue a parar frente al velado jefe de la Luciérnaga. Su voz, ahogada y desfigurada por la extraña máscara
**El Cuervo _en la pradera_ :** Por azar o por fortuna, cayó en medio de los miembros de la última de las hermandades o sociedades secretas de los Estados Unidos. Aún no sabía, con certeza, cómo fue a parar frente al velado jefe de la Luciérnaga. Su voz, ahogada y desfigurada por la extraña máscara
Las palabras resonaron como un lamento en los oídos de Buck. Había en ellas un tono de amargura especial, que exasperaba. —¡Ese hombre destrozará mi vida, Buck! ¡Me retiene aquí en contra de mi voluntad! ¡Ha amenazado con pegarme, y sus ojos bestiales me siguen a todas partes! ¡Sé que me matará, Buc