Cristina le consideraba su mejor amigo, el muchacho con quien más confianza podía tener, su mayor y más valiosa amistad. Era incapaz de asociarlo a la más cercana o remota idea de un sentimiento distinto. Pero le necesitaba... ante el dilema —que ella misma se había impuesto— de casarse con un hombr
Déjame contártelo
✍ Scribed by Tellado, Corín
- Year
- 2011
- Tongue
- Spanish
- Weight
- 60 KB
- Category
- Fiction
No coin nor oath required. For personal study only.
✦ Synopsis
Cristina le consideraba su mejor amigo, el muchacho con quien más confianza podía tener, su mayor y más valiosa amistad. Era incapaz de asociarlo a la más cercana o remota idea de un sentimiento distinto. Pero le necesitaba... ante el dilema —que ella misma se había impuesto— de casarse con un hombre al que no amaba, sólo porque había tenido intimidad con él.
📜 SIMILAR VOLUMES
Cristina le consideraba su mejor amigo, el muchacho con quien más confianza podía tener, su mayor y más valiosa amistad. Era incapaz de asociarlo a la más cercana o remota idea de un sentimiento distinto. Pero le necesitaba ante el dilema —que ella misma se había impuesto— de casarse con un hombre a
Cristina le consideraba su mejor amigo, el muchacho con quien más confianza podía tener, su mayor y más valiosa amistad. Era incapaz de asociarlo a la más cercana o remota idea de un sentimiento distinto. Pero le necesitaba. ante el dilema -que ella misma se había impuesto- de casarse con un hombre
Cristina le consideraba su mejor amigo, el muchacho con quien más confianza podía tener, su mayor y más valiosa amistad. Era incapaz de asociarlo a la más cercana o remota idea de un sentimiento distinto. Pero le necesitaba. ante el dilema -que ella misma se había impuesto- de casarse con un hombre
—No lo sé. Oye —preguntó con curiosidad—, ¿por qué eres tan serio? Juan se detuvo y la miró. Rápidamente desvió los ojos. Experimentaba una rara sensación cada vez que miraba a aquella muchacha. Furioso consigo mismo, porque ella no tenía la culpa, dijo malhumorado: —¿Tan serio soy? —Mucho. Siempre
Se oyó subir el ascensor, y en seguida la puerta de éste al cerrarse y el zumbido del descenso. En la salita hubo un silencio. . —Es encantadora — comentó Zoila.. Gabriel Miranda asintió en silencio. Vestía batín y calzaba zapatillas, apoltronado en una butaca, donde leía la Prensa. Había trabajad